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Llagas

También llamadas "úlceras por presión o "úlceras por decúbito," las llagas son úlceras en la piel que pueden ocurrir cuando un paciente está confinado al lecho o a una silla de ruedas sin poder cambiar de posición durante períodos prolongados. Casi todas las llagas atacan áreas del cuerpo que se presionan contra superficies contiguas, donde siempre deben soportar el peso del paciente. Estas áreas pueden incluir la región glútea, el cóccix y los omóplatos, junto con la piel por debajo de la rodilla, el tobillo y el talón. Esto quizá parezca un problema menor de salud, pero puede convertirse con rapidez en un problema que pone en peligro la vida a medida que las úlceras se profundizan y exponen tejido subyacente a infecciones potencialmente fatales.

Más de 60000 estadounidenses, la mayoría de ellos de edad avanzada, fallecen por llagas cada año después de que quedan incapacitados por enfermedad o lesión y terminan inmovilizados en camas de hospital o sillas de ruedas. Las llagas atacan anualmente a alrededor de un millón de personas en los Estados Unidos; más de 75% son personas ancianas de más de 70 años.

Las llagas empiezan a formarse cuando la presión gravitacional contra la piel reduce el flujo de sangre en los vasos de pequeño calibre que nutren la piel. Después de dos o tres horas de riego sanguíneo inadecuado, los tejidos empiezan a morir en estas "zonas de presión," lo que produce úlceras que pueden extenderse profundamente hasta capas subyacentes de grasa, músculo e incluso hueso. La afección casi siempre empieza con enrojecimiento leve en la zona de la presión. Sin embargo, si no se restituye el riego sanguíneo hacia las áreas afectadas al voltear al paciente para aliviar la presión, estas zonas de irritación pueden convertirse en el transcurso de horas en úlceras parecidas a un cráter. Una vez que se establece la ulceración, los tejidos afectados pueden deteriorarse con rapidez y desencadenar la muerte celular masiva y secreción de pus fétido a partir de los sitios infectados.

Sin tratamiento, las llagas que se están haciendo más profundas pueden causar dolor intenso, mientras que también dejan al paciente vulnerable a bacterias invasoras. La nutrición inadecuada y la anemia, que suelen ocurrir entre ancianos, también pueden contribuir a la aparición (o a la curación lenta) de úlceras por presión. Al mismo tiempo, los pacientes de edad avanzada cuyo sistema inmunitario ya está alterado por el envejecimiento o por la enfermedad encaran un riesgo aumentado por las infecciones relacionadas con llagas.

Las llagas por lo general evolucionan en cuatro etapas básicas: primera: el paciente empieza a desarrollar áreas de piel con aumento local de la temperatura, rojizas o purpúreas (con mayor frecuencia sobre huesos o articulaciones) en las zonas de presión. Segunda: la ulceración primero aparece como una pequeña rotura, cráter o ampolla en la piel. Las áreas que rodean la lesión ahora están inflamadas y por lo general tienen color rojo. Tercera: la úlcera que se está haciendo más profunda llega a la capa de grasa justo por debajo de la piel. En muchos pacientes, ahora empezará a salir pus fétido, de color amarillo-verdoso: el signo de una infección por bacterias. Cuarta: conforme las úlceras se profundizan hacia áreas de músculo o hueso, aumenta la salida de pus, y suele haber dolor intenso. Sin tratamiento, la afección puede empeorar al grado de que las capas circundantes de grasa y músculo empezarán a morir, lo que abre la puerta a infecciones peligrosas.

Qué hacer

Para prevenir llagas, cambie cada dos horas la posición de un paciente confinado al lecho. (Las personas confinadas a sillas de ruedas deben "voltearse" al menos una vez cada hora.) Levante al paciente para ponerlo en la nueva posición, más que arriesgarse a lesionar tejidos sensibles al arrastrarlo. Mantenga limpias tanto la piel del enfermo como la ropa de cama que le rodea. Aplique fécula de maíz en sitios de presión en la piel a fin de reducir la fricción por la vestimenta o ropa de cama. Tenga cuidado de inspeccionar la piel del paciente al menos una vez al día para buscar áreas rojizas o purpúreas que podrían indicar el inicio de una llaga. Busque atención médica de inmediato si las áreas rojizas en la piel no empiezan a desaparecer tan pronto como se alivia la presión contra ellas. Siempre busque atención médica ante el primer signo de una rotura en la piel.

Use las medicinas con eficacia

El doctor quizá le recete antibióticos por vía oral o tópica.

Medidas para el cuidado de sí mismo en presencia de llagas

Los colchones de diseño especial y los cojines de "cáscara de huevo" pueden reducir la presión contra la piel, lo que disminuye el riesgo de úlceras. Para pacientes confinados al lecho, coloque almohadas debajo de las piernas entre la parte media de la pantorrilla y el tobillo, lo que alzará los talones. Coloque más almohadas para evitar que las rodillas y los tobillos se froten entre sí. También puede colocarse acolchado protector en otros puntos de presión para disminuir más el riesgo de úlceras. No eleve la cabecera de la cama, porque aumentará la presión de la fuerza de gravedad contra los miembros inferiores. La nutrición adecuada y el suministro de suficientes líquidos son las armas clave para la curación de úlceras e infecciones potenciales. Limpie las úlceras con frecuencia; tenga cuidado de retirar mediante lavado el tejido muerto, y después aplique los ungüentos que el médico recete para favorecer la curación y combatir infecciones.

Guía para la toma de decisiones en presencia de llagas

Síntomas/Signos

Acción

Inflamación: las llagas casi siempre empiezan donde las placas de piel se tornan de color rojizo, después de haber quedado presionadas durante períodos prolongados contra superficies de camas o sillas de ruedas.

 Llame al consultorio del proveedor de atención médica

Ulceración: el área rojiza se abre, y forma una llaga o úlcera parecida a un cráter.

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Profundización: la úlcera empieza a extenderse hacia capas más profundas de grasa y músculo. Esta etapa suele acompañarse de secreción fétida.

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Extraído de: Well Advised, Second Edition, Text copyright © 2003 Park Nicollet Institute
Redactor en línea: Sinovic, Dianna
Revisor médico: Ferguson, Monica O. M.D.
Última revisión: 7/12/2004
Fecha último modificado: 7/29/2004
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